Un dragster de Matchbox

El dragster que veremos hoy en esta sección llamada “Garaje Miniatura”  debe ser unos de los últimos que recibí de regalo. Tendría alrededor de 11 años, tiene fecha de 1970 en su parte baja. Además era de la serie Superfast lanzada por Lesney Products & Co. Ltd. en el año 1969.

Apenas tiene tres cachaduras pequeñas en su pintura, con lo cual este “autito de colección” de mi infancia está en muy buenas condiciones. Casi excelentes, como que lo hubiera sacado de su caja de cartón el día de ayer.

Tal como si me lo hubieran regalado un día antes y llegado a mis manos de la Librería San Agustín. Esa que estaba a la vuelta de mi casa sobre la Avenida Las Heras casi esquina Galileo en el barrio de Recoleta en la, ahora, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Pero la librería ya no está en la actualidad, hace poco pasé por delante, hay una peluquería. Volví a pasar por el barrio, no por nostalgia del tiempo, sino por cuestiones de trabajo por un alquiler de mis buzones entelados perdido. Volver a ver el barrio de la infancia tiene parte de su encanto.

Claro no todo está como cuando era un chico y es lógico. Las ciudades cambian y Buenos Aires en especial. Para mí siempre, en ese local, estará la Librería San Agustín atendida por sus dueños, casi amigos con el correr de los años. De uno en especial, Juan Mohr, que es amigo de mi padre, pese a las décadas pasadas.

Los dragsters los conocía de verlos en las páginas de las revistas Parabrisas y Automundo que mi padre compraba. Lo único que éste tiene más formas de un auto calle, que los que venía en las notas de esas publicaciones. Hasta tiene el paracaídas en la cola para frenar.

La serie Superfast fue el develo de muchos de los chicos de aquellos años. En especial si se tenía la fortuna de poseer una de las pistas de plástico de color amarillo. Eran el territorio ideal para estos Matchbox que literalmente salían despedidos.

Eso era por sus ejes de acero muy finos y por el tipo de ruedas. Todas con ese aire deportivo. No importaba si era auto, camioneta, camión, u ómnibus, todos tenían esas ruedas con llantas deportivas. Era el comienzo de los años setenta y éramos chicos… que solo queríamos jugar.

Jugar e imaginar carreras alocadas con un dragster en nuestras manos. En especial si podían recorrer mucha distancia sobre el piso de mosaico negro con manchas blancas de mi casa. Había que cuidarlo que no chocara contra ninguna pared. Seguro que su pintura sufría las consecuencias.

Pero se podía “acolchar” la improvisada pista, a falta de las oficiales de Matchbox de color amarillo. El ingenio siempre supera a la carencia económica. La vida, y el mundo, están lleno de ejemplos. Y creo que es bueno para un chico.

Los incita a imaginar alternativas a la hora de jugar. Que mejor para desarrollar capacidades y talentos. Muchos chicos en esa época, creo, encontraron el camino a sus vocaciones en esos juegos de la infancia. Estímulos que le dicen ahora. Para nosotros simplemente era diversión.

Para los que tengan ganas de ver todos los “autitos de colección” del “Garaje Miniatura”, les dejo el enlace con la página donde están todas las notas publicadas hasta la fecha:

http://archivodeautos.blogspot.com.ar/p/garaje-miniatura.html

Mauricio Uldane, editor de Archivo de autos

Archivo de autos tiene Internet propia financiada por sus seguidores y por publicidad en el blog de Blogger: http://archivodeautos.blogspot.com.ar
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Un comentario en “Un dragster de Matchbox

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